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VIVIENDO ENTRE PENAS Y ALEGRIAS

“Hay tristezas que son como las cascadas de los ríos, se deslizan suaves y bajan por tu vida sin detenerse ante los obstáculos para luego desembocar en las playas de tu futura alegría.” (Anónimo)

En nuestros corazones siempre existirá la tristeza, así como existe la alegría; ambas se deben vivir en su momento determinado; No existe la una sin la otra, sólo así sabremos apreciar las cosas buenas que la vida nos da y que muchas veces por orgullo dejamos pasar.

No permitas que tu cara se apague ante las cosas adversas, no permitas que una mala acción endurezca tu corazón, mira la vida con optimismo y esperanza. Entre los comentarios a un artículo, me ha llamado mucho la atención el comentario de una mujer que pese a saber que su esposo no le es fiel le perdonaba una y mil veces por amor, por tener un corazón muy grande e incapaz de guardar resentimientos por mucho que él se lo merezca.

Ella ha optado por ser feliz, por recordar lo mejor y no lo peor de su relación. Eso es superar las tristezas, los fallos de la vida misma y no dejar que una nube oscurezca el día. El secreto de la felicidad está dentro de nosotras mismas, es una actitud, es algo que te propones realizar y lo haces. No se puede vivir en constantes penas o tristezas, como tampoco en constante felicidad, es necesario tener un equilibrio; hay que saber enfrentarse a los sentimientos de tristeza, pues si no sabemos conllevarlos lo acabaremos pasando muy mal.

Vive el día a día, no tengas prisas, recuerda que nuestros días se hacen cortos cuando los vivimos en armonía, pero terriblemente largos cuando se viven sumidas en tristeza. No hay varitas mágicas para salir de la tristeza, pero en nuestra mano está nuestro día, lo que sale de nuestras bocas, y la actitud con la que enfrentaremos lo que nos venga.

Hoy día las mujeres tenemos las armas que quizás nuestras madres y abuelas no tuvieron: la capacidad de decidir y optar por hacer lo que mejor nos apetezca. Somos mujeres trabajadoras, luchadoras y triunfadoras; soportamos tanto dolor como alegrías; somos únicas, es un papel que nadie lo puede hacer mejor, somos una creación extraordinaria, no te dejes abatir por los malos días. Ríe todo lo que puedas, muchas veces llamamos a una amiga y somos felices por esos breves momentos, porque hablamos acerca de muchas tonterías que a veces no tienen nada de profundo, pero reímos y nos olvidamos de nuestras tristezas.

Haz esas pequeñas cosas para que tu vida sea mucho más placentera y llevadera. No te dejes consumir por las personas nocivas que hay en tu entorno, olvídalas, si te hacen sentir mal o no te ayudan cuando estás “en tus días”, ¿para qué la quieres? Los amores y las amistades se ven en las dificultades, no cuando las cosas van bien, por eso no te amargues por lo que no puedes arreglar, apártalo por un tiempo y cuando te sientas más llena de vida, y con más energía para enfrentarlas, lo haces. Ahora no vale la pena que malgastes tu tiempo, ya bastante palos nos da la vida como para querer seguir recibiendo otros nuevos.

La vida es y será siempre bonita, bella, es un regalo de Dios y hay que saber apreciarlo. No vivas llorando por las cosas que no han podido ser, mejor sonríe por todas las que puedes llegar a lograr con tus buenas actitudes. Quizás no te das cuenta, porque la tristeza nubla la mente; pero créeme que hay más personas que te quieren, a las que no les eres indiferente.

Aférrate a las cosas buenas, da gracias por lo que cada día vives, tú misma eres ya un bello regalo, reparte amor, da tu amistad sin condiciones, sólo así vale la pena vivir. Y bajo ese protocolo verás con ojos muy diferentes las cosas que hoy no lograr ver bien. Sonríe, eso te resta años, te perfuma el aire, te llena los pulmones de oxígeno…

¡Es lindo respirar en silencio con una misma y sonreír porque Dios en su infinita sabiduría sabe quitarnos lo que no nos hace bien y nos trae nuevas ilusiones a la vida! ¡Sí, la vida es bella! Las tristezas nacen con nosotras, así como la alegría.

Tuya es la elección del modo en el que quieres vivir y cómo la deseas canalizar. Los problemas siempre los tendrás, seas del estatus que seas, entonces si logramos asimilar que nunca seremos felices las 24 horas del día, vivamos poco a poco y día tras día, sólo así podremos disfrutar de las hermosas bondades que Dios ha puesto en tu camino.

LO QUE NO SE CUENTA

A lo largo de nuestra vida pasan muchísimas personas que viven o han vivido situaciones muy dramáticas y de gran intensidad emocional.

Muchas veces son situaciones difíciles que por lo general pasan desapercibidas por los demás, situaciones que a los ojos no se ven y de las que resulta difícil percatarse pues ocurren con personas que no dicen nada, que sufren en silencio guardándose todos sus dolores para si mismas.

Muy probablemente conozcamos a muchas personas en situaciones difíciles como éstas, pero no nos damos cuenta de ello porque sólo miramos con los ojos. Por lo general, miramos sólo con los ojos del cuerpo, ese órgano que detecta la luz, los colores, y que nos muestra como vestimos…

Pero debiéramos aprender a mirar también con los ojos del alma y del corazón, esos que traspasan todo lo físico porque ven más allá de lo físicamente visible. Pocas personas son las privilegiadas que pueden mirar a otra persona con los ojos del alma y decir “Yo conozco a esa persona y sé que sufre”, aun cuando todo pareciera indicar lo contrario. Todas nos quedaríamos mirando estupefactas, preguntándonos si realmente pudiera ser posible que esa persona esté sufriendo por dentro, especialmente porque todas le conocemos, y no vemos ninguna indicación de que así pudiera ser. ¿Cómo es que hay personas que ven más allá de lo humanamente visible, y pueden ver el sufrimiento interior y escondido de las personas? Personalmente creo que la respuesta está en el amor hacia la persona. Cuando se tiene mucho amor hacia alguien se puede ver su interior.

Existen personas que pueden ver cuando otra está mal porque en su interior albergan mucho amor por sus semejantes. Cuando el corazón se alimenta de amor y bondad, y cuando abre su corazón a los buenos sentimientos, se puede ser capaz de mirar más allá de lo físico. Muchas de nosotras conocemos a alguien que tiene esa capacidad, o lo que es mejor… quizás tú misma tienes esta capacidad y puedes saber y ver mucho de lo que no se cuenta. Las personas así están llenas del amor de Dios, y son especiales.

La clave de toda esta teoría es saber mirar con amor, con el corazón. Que cada vez que nos acerquemos a alguien, antes de juzgar a la persona lo podamos mirar con nuevas ilusiones, con una sonrisa, esas que hoy en día son tan escasas…

Hay que tratar de descubrir qué hay dentro de aquella persona tan callada y misteriosa. No somos quien para juzgar a los demás, eso sólo le corresponde a Dios, sólo debemos ser el instrumento de Él para ayudar donde podamos, debemos dar sin esperar ser súper mujeres o seres humanos. Hay que saber dar pero dar con amor, con sinceridad, no esperando retribuciones, eso ya con el tiempo hay alguien que se encarga de pagar nuestras buenas obras.

Recuerden que nuestro día a día depende de nosotras mismas el hacerlo bien o hacerlo mal; demos amor a los que viven en nuestro entorno , a nuestras familias, a nuestros amigos, o todas aquellas personas invisibles que nos hacen tanto bien aún sin conocernos. Extendamos nuestras manos hoy incluso a aquel o aquella que nos desprecia, que no tiene nada de humanidad con nosotras… aún a esas personas démosle hoy amor, porque no sabemos qué dolor le agobia o qué momento está viviendo.

Sólo demos amor, nada más… Entreguemos amor y aprendamos a mirar a los demás con amor.

Sin ti también puedo ser feliz

Muchas veces nos preguntamos si podemos ser felices a pesar de tantos sufrimientos, de tanta deslealtad por parte de aquellos que en su momento fueron parte importante en nuestras vidas…

Y vienen a nosotros los recuerdos, aquellos que tanto duelen, que ves pasar el tiempo y pensar que jamás volverás a ser feliz, o que jamás volverás a amar como lo hiciste aquella vez.

Gracias a Dios, siempre hay vendas de amor para curar nuestras heridas. El amor, si bien es lo más hermoso también puede llegar a ser el dolor más profundo en tú corazón. Hay que saber levantarse, hay que preparar la mente para una nueva vida, ya no puedes estar pensando qué será tu vida sin esa persona, debes enfrentarte a esos fantasmas que aparecen cuando piensas que ya se han ido. Siempre pasa lo mismo: – Vuelves a caminar por el pasillo del dolor. – vuelves a no querer saber nada de la vida…

¡Basta! No sigas con eso, levántate, mira tu espejo y dime si acaso no ves una mujer mucho más valiente, más decidida hacer las cosas de forma diferente, una mujer dispuesta a empezar una nueva vida, a quererse más y a tener más confianza en sí misma… Mírate al espejo y convéncete de que vas a salir adelante a pesar de los obstáculos que la vida te presente.

Claro que puedes volver a ser feliz sin él, no es el centro de tu universo. Seguro que en tu vida hay más de un hombre dispuesto a hacerte feliz, y están los hijos, los padres, la familia, los amigos que de por sí son ángeles que Dios te envía para recoger los pedazos que han quedado esparcidos por el camino. Ya puedes levantarte con la seguridad de que si no fue fiel, y si no te respetó, no se merece nada de ti. ¿Mendigar amor? No señora, migajas no, tú te mereces todo, no trozos o los pedazos que te quiera dar. Respétate, se fuerte, no será la única mala experiencia que tengas en la vida, habrá muchas más, pero ya estarás preparada para lo que venga, ya estás hecha de hierro pero con el corazón blando para volver amar, o simplemente para dar amor a los que te rodean.

Una buena mañana, un buen día cuando esa persona te busque ya no serás la misma. Serás una bella mujer que se ha reforzado de los dolores que puede causar la vida y un mal amor. Estarás mucho mejor, sabrás entregar tu corazón a quien se lo merece y no al primero que llega.

Mientras la tristeza se va de tu vida, refúgiate en el amor de tus hijos, de tus padres y de tus amigos quienes son tan importantes que sin pedirte nada, lo dan todo. No lo dudes, puedes volver a ser feliz y estar muy bien. Cuando te pregunten con la mirada bien altiva podrás decir: “Sin ti puedo ser feliz, y lo soy”. Con esas sencillas palabras habrás ganado la batalla sin necesidad de decir nada más. Debes mantenerte firme en tus propósitos de vida, busca la manera de ser feliz, pide a Dios que te ayude en tus aflicciones y verás que mañana será un mejor día y podrás volver a retomar tu vida.

Crece como persona, ayuda a quien necesite de ti… eso te hará útil, y con el sólo hecho de ayudar a los demás ya verás que todo va a ir muy bien en tu vida, y repite hasta que te canses: “Sin ti soy mejor persona, y lo mejor de todo es que puedo ser feliz sin tener que estar a tu lado”.

SUELTA TU PASADO

¿Por qué nos cuesta tanto dejar las cosas que nos hacen daño?

Hay una máxima del Sr. Thomas Jefferson que admiro mucho: “Me gustan más los sueños del futuro que la historia del pasado”.

En éste marco, tenemos que aceptar que es muy hermoso vivir con sueños e ilusiones, pero con los pies bien puestos en la tierra. La historia del pasado, sólo es eso: “pasado”, está muerto y enterrado y no tiene regreso posible.

El futuro aún no existe, apenas lo estamos construyéndolo aquí y ahora. Si tú eres una mujer que vive anclada en el pasado, tu presente se tornará en una vida muy accidentada. No es bueno estar reciclando siempre en lo mismo, girar alrededor del mismo círculo vicioso de quejas y dolores: “Es que mi esposo es alcohólico y aparte es histérico”, “Es que es un irresponsable y no me da para el gasto”, “Es que me violaron”, “Es que me engañaron”, “Es que me dejaron”, “Es que se burlaron de mí”, “Es que estoy enferma”, “Es que soy muy pobre”, “Es que soy muy torpe”, “Es que no tengo suerte”. Oye, ¿Sabes cómo se llama todo eso?, Esas frases se llaman: Excusas, excusas, excusas, entiéndelo de una vez, o habrás perdido tu tiempo miserablemente. ¡¡Deja ya el pasado atrás!! ¡suéltalo!… deja que se vaya… ¡Atrévete a decirle adiós! No puedes pasarte la vida tratando de retener todo aquello que no te es útil para nada.

Aquello que te estanca en tu progreso, superación personal y te impide crecer como persona. Te puedes pasar años tratando de reconstruir una relación rota y lo más seguro es que te quedes sola, aruñando los techos y paredes de tu vida, añorando el tiempo perdido y diciendo: “Quisiera, quisiera, quisiera, cuánto hubiera querido que fuera”… Pero no fue y punto. Tampoco puedes darte el lujo de forzar situaciones que sabes que a la larga se convertirán en tu propia trampa, en tu propio martirio, en tu propio infierno. No puedes definitivamente, ser tan ingrata contigo misma, enclaustrándote, encasillándote, sujetándote al ayer, limitándote, negándote a una nueva oportunidad de encontrar tu verdadera felicidad. ¿Qué te juzgarán y te condenarán? ¿Y qué?, Nadie sabe lo que pesa el muerto, más que el que lo trae encima, defiéndete, arrójate, vence tu temor, tu miedo y tu angustia al qué dirán. Nadie hará por ti, lo que tú misma no hagas primero. Hazlo aunque te juzguen y te condenen. Recuerda que si no lo intentas, jamás sabrás de lo que fuiste capaz de lograr.

Además, ¿A quién le importa si tu comes? ¿si tú vives?, ¿si tú tienes qué vestir y calzar? ¿si tú te enfermas? ¡A nadie le importa más que a ti misma! Por lo tanto; suelta el pasado, arrójalo, despójate de tu inseguridad, de tu trauma de mujer abandonada, burlada, humillada, desprotegida, suelta tu timidez, deshazte de tus resentimientos del pasado o quedarás atrapada, hundida para siempre en ellos.

Si alguien te lastimó, te hizo daño, no correspondió a tu amor, o no te respetó ni te valoró… ¡¡Suéltalo, déjalo ir!! marca tu raya, suelta el ancla, desata amarres y libérate de la esclavitud de todos los recuerdos que atormentan tu razón y tu corazón. ¡Tú vales demasiado!, deja de rogarle, deja de buscarle, apártate, valórate, hazte valer, hazte oir, hazte respetar y respétate a ti misma, primero como mujer. La mujer no nació para ser esclava, ni para quedarse en un compás de espera eterna, la vida está en constante movimiento y cada día hay más compromisos y más cosas hermosas que realizar con resultados diferentes.

A veces nos aferramos a las ofensas pasadas, seguimos lamiendo las heridas añejas ¿para qué? o ¿por qué?. A ver amigas: ¿Para qué volver a vivir lo que ya nos es bastante conocido y sabemos anticipadamente, que nos volverá a hacer infelices? No es bueno vivir rindiéndole pleitesía a los recuerdos nocivos, tóxicos… en vez de generar situaciones nutritivas que nos alienten, nos levanten, nos llenen de energía, de confianza y valor.

Desatórate, suelta las costumbres, los hábitos, los vicios, los apegos que te hacen esclava de tus propios sentimientos y resentimientos ¿por qué seguir siéndole fieles a un recuerdo del ayer que sólo nos produjo daño y dolor? ¿Para qué conservar algo que no nos es útil para nada?. ¿Qué sentido tiene que tratemos seguir amando a alguien que ni siquiera quiso aprender a amarse a sí mismo?, mucho menos nos hubiera amado a nosotras como ilusamente lo pretendimos en el pasado.

Suelta ya el pasado de tus manos, atrévete aquí y ahora, a poner las riendas de tu corazón y de tu vida en manos de Dios, verás que empezarán a sucederte cosas hermosas, las cosas que Dios quiere para ti, las cosas que tú querías para ti. Pero nadar contra corriente acarrea sacrificios, esfuerzos y perseverancia constante y repetida, valdrás más, pero también se te exigirá más, ése es el precio que hay que pagar por ser alguien en la vida.

Y no te preocupes por el qué dirán, por cómo te verán y por todo lo que opinarán de ti, acuérdate que el que se ríe de lo que desconoce, está en el camino de ser un idiota, decía alguien por ahí, y con cuánta razón se lo admiro y agradezco. Por lo tanto y ya para concluir: Tienes que soltar el pasado de tus brazos mujer amiga, tienes que dejarlo ir, y aprender a apelar a cosas superiores, para que dejes de ser adicta a tus propios fracasos. Deja que Dios decida por y para ti, dale la oportunidad de que sea EL, quien seleccione por y para ti, lo que es mejor y más conveniente .

No siempre nos da Dios lo que le pedimos, sino lo que nosotras necesitamos como mujeres para llegar a ser realmente felices en esta vida.

AMOR, COSTUMBRE Y DOLOR

El camino de la vida es muy accidentado y siempre defiendo que:

“Debemos tomar las cosas como son, sin mezclar sentimientos”. La mujer nació dotada de grandes cualidades, intuición y sentido común. Capacidades que nos permiten saber reconocer plenamente, si en realidad estamos enamoradas de nuestra pareja, o sólo seguimos con ella por costumbre, o por miedo a la soledad y al sufrimiento.

Es muy obvio y evidente, que en el amor se pueden observar y sentir miles de manifestaciones. Pero es importante e innegable que cada manifestación, se debe consagrar a su bendito lugar, para no engañarnos a nosotras mismas y por ende a quien está a nuestro lado. Podemos “aparentemente” asegurar y hasta jurar, que amamos mucho al esposo, al novio, al amante, al amigo, pero demostrarlo… definitivamente “es otro cosa”.

Se puede estar con una persona por amor, por placer, y también por dolor. Veamos ésto, es muy importante: Una pareja de novios por ejemplo. Se casan muy enamorados, creyendo que su amor será eterno, convencidos de que con el matrimonio les llegará la felicidad garantizada. Pero al transcurrir de los días, los meses y los años, se les va acabando el amor, la atracción, el deseo por estar con su cónyuge. Ya no hay tal amor, ni interés, ni deseo, ni pasión por estar siempre con su pareja y empiezan los problemas: “Es que se puso gorda”, “es que se volvió exigente”, “es que es una histérica”, “es que no me atiende”, “es que no me cumple como mujer”, “es que siempre está ocupada”, “es que siempre está cansada”, “es que no le doy gusto en nada”, etcétera y obviamente “me voy a buscar a otra” ¿Qué pasó con el amor? ¿Dónde quedaron aquellos sentimientos tan lindos? ¿a dónde fue a parar la promesa de amarse y respetarse hasta que la muerte los separe?

Desapareció tal amor, ya no hay sentimientos lindos, se les olvidó la promesa de amarse eternamente y complementarse en todo. La vida dio un giro de 180°, ahora sólo son gritos, reclamos, sátiras palabras hirientes, golpes físicos, violencia y acoso psicológico. RESULTADO: “Alejamiento y desamparo emocional”. Ante tal circunstancia que nosotras mismas generamos, algunas mujeres se atreven a solicitar inmediatamente el divorcio, otras más fuentes y aguantadoras o cómodas, prefieren quedarse hasta el final bajo el mismo techo, aún sin seguir amando a su compañero como en antaño. Los motivos pueden ser muchos:

Temor a la separación, miedo a represalias, miedo a ser golpeadas, miedo al qué dirán, cómo lo tomará la familia, la sociedad y hasta los hijos, que en éste caso se vuelven cadenas que duelen más allá de la piel. Y nos volvemos cobardes, preferimos quedarnos a besar el látigo que nos golpea. Preferimos ignorar o pasar por alto tantos detalles importantes que van haciendo de nuestra vida y nuestro matrimonio una verdadera farsa, un teatro, una comedia, y una batalla campal en la que sabemos quién será el perdedor, obviamente, es el actor de ésta obra dramática en que convertimos a aquél lindo sentimiento que decía llamarse AMOR. Pasa el tiempo y ya no nos atrevemos a dar marcha atrás, nos sentimos incapaces para tomar grandes decisiones, nos callamos, nos aguantamos, y terminamos perdonándole todo a nuestro compañero de vida: “Es que no puedo dejarlo por mis hijos”, “es que…¿qué dirá la gente?” “es que…¿a dónde me voy a ir a vivir?”, “es que…¿qué voy a hacer sin él?”…Aprendimos a depender tanto de su compañía, a apegarnos tanto a nuestro compañero, que al pobre amor lo convertimos en una costumbre, en un hábito, en un vicio, y en un error que lógicamente nos acarrea mucho dolor, porque no nos hace felices, ni podemos hacer felices ni a nuestro compañero, ni a nuestros hijos, ni a nuestra familia, ni a nadie. Es tan grande el apego al marido, a la casa, a los muebles, a las cosas que nos rodean que…¡Vaya por Dios…qué excusas, y qué manera tan cómoda de engañarnos a nosotras mismas!, como si aquel hombre hubiera nacido con nosotras, como si aquel señor significara todo en nuestro mundo y fuera de él, ya no hubiese nada ni nadie a nuestro alrededor.

GROSO ERROR: Se les acabó el amor, y ahí ya no tienen nada que hacer juntos, ya que el amor como el respeto, son la base, son el cimiento principal para que la pareja funcione como tal y el hogar se salve. Pero un hogar sostenido por un solo pilar, tarde o temprano se vendrá abajo irremediablemente con todo y todos, derrumbándose estrepitosamente. Mejor es tomar las cosas como son, sin mezclar sentimientos, atrevernos a salvar del ahogado, aunque sea el sombrero. Agarrar al toro por los cuernos y atrevernos a decir: ¡¡YA BASTA!!, me equivoqué y es okay, pero tengo derecho a decir: ¡NO!. Tengo derecho de volver a empezar.

Cuando nacimos, no traíamos encima ni un triste alfiler, y cuando nos vayamos, tampoco nos vamos a llevar nada encima. ¿Entonces para qué apegarnos tanto a las personas, y a las cosas de éste mundo? Si ya no amas ni te aman, no hagas de tu vida una morada fría, sólo una costumbre que no te hace feliz, ni te permite hacer felices a tus compañeros de vida, no defiendas esa costumbre, no te aferres a nada ni a nadie por apego, no te vistas de hábitos mecanicistas y costumbres…¡¡TIENES DERECHO A DECIR NO!!, o serás esclava de tu costumbre por siempre. Te harás adicta a tu propia esclavitud y a tu dolor. ¡¡ERES MUJER!!… ¡¡MUCHA MUJER!!… y no te olvides por favor que en ésta vida, tú representas al amor, y es precisamente el amor, lo único que vale la pena salvar en ésta vida.

¡Me está matando el dolor!

“¡Ya no puedo más, me estoy muriendo de dolor!”

Esta frase tan común hoy en día entre las mujeres del mundo, pareciera haberse convertido en un orgulloso lamento a la insensatez.

Y voy a invitar a todas nuestras amigas a escarbar un poquito en nuestro interior: ¿Por qué se sufre tanto por amor? ¿Por qué lloramos tanto las mujeres y nos destrozamos abrazadas a la impotencia, a la soledad, al desaliento, al abandono y al dolor cuando alguien nos rechaza, nos engaña, nos traiciona, nos humilla, nos manipula o nos hiere de alguna manera? “Yo lo amaba… ¿Por qué me lastimó?”, “Él era mi vida… ¡Y me dejó por otra!”, “Me entregué a él en cuerpo, alma, sentimiento y razón… ¡Y no le importé!”, “Me enamoré de él… ¡Realmente lo amé, ¿Por qué me traicionó?”, ¿Cómo voy a vivir ahora sin él?, “Mi vida ya no tiene sentido sin su amor”, “Ya no podré amar a nadie más”, “Es un patán, pero lo sigo amando”, “”Nunca voy a poder olvidarle”, “¿Qué voy a hacer con tantos recuerdos que me están matando?” etc. ¡Ay!, “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin saber que sois la ocasión, de lo mismo que culpáis”, decía una gran mujer poetisa y dramaturga novohispana (1651-1695), que prefirió ir al convento, en vez de optar por el matrimonio. Su nombre, Juana de azbaje Ramírez, conocida como:

La Décima Musa… ¡Sor Juana Inés de la Cruz! Hermosa reflexión que en pleno Siglo XXI, a las mujeres nos confiere el derecho de identificarnos plenamente con el pensamiento de tan linda monja enamorada del Amor.

Amigas mías, en alguna parte del corazón quebrado de una mujer, se encuentra la ilusión herida y perdida, extraviada en los hilos rotos del dolor. ¿Cuántas veces en la vida nos quejamos amargamente del mal de amores e incomprensión? Sin embargo, es digno reconocer que cuando nos han lastimado tanto por haber amado, no todo se ha perdido en la vida, nos quedan dos caminos: Escondernos del mundo y meter la cabeza bajo la tierra como lo hacen las avestruces o arriesgarnos de nuevo a ser burladas, traicionadas… ¡O, amadas!

La mujer que se encierra en el mutismo de su dolor, se limita, se anula a sí misma, se corta toda posibilidad de ascensión. Y el peor impedimento para trascender un gran dolor, es precisamente pensar y sentir que ya no podremos salir nunca de nuestro dolor. Por defecto la mujer se está sentenciando a ella misma, pisoteando y transgrediendo sus propios valores, que morirán con ella en la amargura de su corazón.

Dejarse vencer por el pesimismo ciego, dejarse devastar por el desaliento, dejarse morir en vida antes de luchar, es haber perdido la batalla anticipadamente contra el propio corazón. ¡La mujer está vencida por ella misma, antes que por los demás! Pero yo me pregunto corazones de luz: ¿Vale la pena llorar, sufrir, anularse, esconderse y protegerse de todo el mundo, sólo por lo que un ser del mundo nos hizo? Uf,

¡Ni que valiera tanto la pena! El hombre que no respeta ni valora el amor de una mujer, tampoco merece ser respetado ni amado por una mujer. ¿Ustedes qué opinan?

Cuando muere un ser amado

Muchas veces por diferentes razones, enfrentamos situaciones dolorosas, lloramos, nos desesperamos y al final, de una u otra manera encontramos solución al problema que nos agobia. ¿Pero qué pasa cuando un ser amado nos es arrebatado por la muerte? Nos encontramos frente a frente ante la impotencia, la desolación y muchas veces sentimiento de culpa.

La muerte de alguien amado es algo que no elegimos, ni siquiera lo elige quien se marcha y nos encontramos así de pronto con preguntas que no tiene respuestas y si las tiene nos cuesta aceptarlas. ¿Por qué a mí? ¿Qué pude hacer diferente? ¿Por qué me abandonó? Aún con el dolor inexplicable que enfrentamos, no nos queda otra alternativa que erguirnos y ser fuertes, porque muchas veces cuando se es el bastión de la familia no podemos derrumbarnos.

No podemos permitirnos derrumbar por el dolor, pues arrastraríamos a otros que también amamos y que también sufren como nosotros por la pérdida física de quien se marcha. Bien sabido es que no se supera la muerte, pero aprendemos a vivir con la ausencia de nuestros seres queridos, con la melancolía que aún después del paso de tiempo nos asalta y nos lastima.

No se puede explicar los sentimientos que provoca la partida de alguien a quien amamos, menos aún cuando la muerte se presenta de improviso. Nos enfrentamos a un mundo nuevo, a una vida que no nos imaginamos que existía, nos enfrentamos al camino que desde ese momento debemos recorrer sin aquel a quien tan amamos y que ya no está. Cuando estamos felices con los que amamos, no pensamos por un momento que no somos los dueños de la vida, nos olvidamos que ninguno nos prometió que seríamos eternos en esta vida terrenal, no pensamos en los sucesos imprevistos que muchas veces golpean inmisericorde mente muestra vida.

¿Qué hace un/a hija/o que pierde a la madre? Ninguno nos dijo que algún día podríamos perder a la madre, o al padre, porque al igual que nosotros, se da por sentado que están allí, con su guía y los consejos de su sabiduría, experiencia y madurez.

¿Qué hace una madre cuando ha perdido a un hijo? Se queda balbuceando las canciones de cuna que ya no encuentran eco en los oídos de su hijo amado, no importa a que edad se les haya ido, es su hijo y ya no lo tiene.

Cualquiera que sea nuestra posición o jerarquía en la familia, nos quedamos desgarradoramente solos, extrañando al padre, madre, esposo, hermano o hijo que nos fue arrebatado. Y así nos quedamos tratando de encontrar repuestas al porqué de las cosas. No importa cuanto se diga, cuanto se estudie o investigue acerca de la muerte y sus efectos, ninguno nos puede asegurar o garantizar cuanto tiempo estaremos en ese estado de confusión, rabia e impotencia.

El dolor no nos permite vislumbrar ni remotamente la posibilidad de encontrar alivio. No faltan por supuesto los consejos bien intencionados de familiares y amigos, ¿pero cómo asimilar la muerte que aunque forma parte de la vida, no lo hemos contemplado entre nuestros planes? El proceso de duelo parece no detenerse nunca porque es largo y doloroso, sin embargo llega, porque el tiempo no se detiene, pero tampoco pasa sólo porque si.

Con el tiempo nos damos cuenta que volvemos a sonreír, a recibir nuevos acontecimientos en la vida, y no podemos ni debemos culparnos por ello, pues eso no significa que se ha olvidado a quien tanto se amó, es sólo una indicación que haber madurado y hemos aprendido a llevar nuestro dolor.

No debemos avergonzarnos ni sentirnos mal de caer en periodos de tristeza, especialmente en fechas importantes, eso se da especialmente en el primer aniversario, los pasajes de sus últimos días y del día de su muerte se repiten en nuestra mente como una película en cámara lenta, el dolor forma parte de nuestra vida, se ha quedado allí para siempre, pero el dolor también se absorbe y se queda en nuestro corazón, y en la memoria, pero ya no con la misma intensidad.

No podemos ni debemos imponernos un tiempo para superar la muerte de un ser querido, no es malo, vergonzoso ni molesto llorar, ni hablar con quien está cerca de nosotros y nos quiera escuchar. Es en situaciones así en las que podemos estrechar los lazos de amistad y amor con nuestros familiares y amigos.

Caemos en periodos de tristeza, sí, caemos, pero también hemos aprendido a ser fuertes, hemos aprendido a celebrar como vivieron su vida y no lamentarnos por la forma que murieron, aprendamos entonces a tener confianza, esperanza y fe en Dios de que un día volveremos a vernos con nuestros amados a quienes no dejamos ni dejaremos de extrañar.

Difícilmente nos encontramos con alguien que no haya pasado por el dolor de haber perdido a un amigo, hermano, hijo o algún ser amado, todos reaccionamos y manejamos nuestro dolor de distinto modo.

OTRA VEZ

Somos mujeres fuertes, decididas, carismáticas y emprendedoras, a veces somos tan fuertes que aparentamos ser rudas, pero en nuestro interior sólo encontrarás un corazón sensible y frágil.

Cuando una relación no sale como esperábamos, especialmente si habíamos apostado fuerte por nuestra pareja, duele mucho reconocerlo y decirlo una vez más: “otra vez, me equivoqué”.

¿Te volviste a equivocar en el amor? Has escuchado tu propia voz interior confesar que te has equivocado, y no ha sido la única vez, han sido muchas más. Entregaste tu corazón a la persona equivocada, al hombre que no lo merecía, una vez más, te equivocaste.

Sí, es cierto, te equivocaste, pero también te diré amiga, que no eres la única a la que le ha sucedido esto, que tampoco eres la primera mujer que ha sentido que su corazón se rompe de nuevo justo cuando sentía que comenzaba a avanzar, caminar y a llenarse de nuevas ilusiones.

No estás sola en este triste y horrible sentimiento: todas las mujeres lo conocemos experimentado, justo cuando mejor nos iban las cosas, todo se rompe y una vez más tenemos que comenzar de cero. Así que no te desanimes ni permitas que tu corazón se endurezca como una piedra para evitar el sufrimiento, ya que debes saber que lo bueno también llega con el tiempo.

Por ello, no te conformes con las primeras opciones que aparezcan, no lo hagas ni por salir de la soledad ni mucho menos para sentir que no confirmarte a ti misma que nunca encontrarás el amor de tu vida, porque sí llegará a ti, ten paciencia y sólo acepta a alguien realmente bueno en tu vida.

Como mujer valiosa que eres, tu primera meta en la vida debe ser encontrar la felicidad en todos los campos de tu vida: personal, laboral, económico, profesional, y así mismo sentimental, y para ello debes amarte primero a ti misma. Si quieres encontrar un amor debidamente correspondido, debes valorarte, no conformarte con menos de lo que mereces.

No aceptar al primero que llegue sólo para no estar sola, debes actuar con fuerza y voluntad, como mujer fuerte que estás aprendiendo a ser: Cuando caes, te levantas y sigues adelante, respiras y buscas la fuerza interior que aún te queda, la voluntad de una mujer guerrera que no se deja vencer, que pese a todo siempre se levanta y vuelve a luchar en la búsqueda de lo que realmente mereces.

Simplemente sigue avanzando y aprendiendo cada lección que te da la vida, no preguntes el por qué, sino el para qué de las cosas que te suceden, tal vez estas experiencias te estarán preparando para desarrollar mucho más tu madurez y recibir algo mucho mejor, para no conformarte, y seguir adelante, porque cada día es una nueva oportunidad para ser feliz!

SOLO TU SABES…

Todas hemos tenido alguna falsa amiga… una a la que abrimos nuestra vida y corazón y nos traicionó miserablemente, contando toda nuestra vida y utilizándolo contra nosotras.

Aprender a escoger a tus amistades hará que tu vida sea más sencilla. Es bueno distinguir de corazón con quien con quien se puede contar, quienes son amigas casuales, y cuáles son las que merecen la pena conservar toda la vida. Todas tenemos amigas y muy buenas por cierto; pero siempre es bueno recodar que no con todas se puede hablar o contar.

Hay amistades para todas las situaciones a lo largo de nuestra vida, y si no las escoges con mucho cuidado puedes llevarte una gran decepción o acabar arrepintiéndote de haber sido tan confiada. Siempre estamos pensando en lo maravillosas que son nuestras amigas, y por mucho tiempo al mirar a tu amiga la ves así, como la mejor, tu buena amiga que parece haber caído del cielo para ayudarte, comprenderte y compartir esos secretos que tan bien guardas en tu corazón. Pero qué tristeza se siente cuando ves que esa persona tan idealizada en tu mente sólo está allí, en tu mente.

Que tu buena amiga realmente no es como tú pensaste, esa mujer que poco a poco se ganó tu confianza y a la que le mostraste tu vida entera, es la que más tarde te acaba traicionando y demostrando que no era tan amiga tuya…

Es triste descubrir que la amiga en que confiabas sólo ponía su oído para saberlo todo de ti, para luego acabar usándolo en tu contra.

Llena de pena y tristeza comprobar que tu supuesta amiga ha estado ventilando tu vida en todos los medios, caes en picada hacia la decepción, y lógicamente, también lloras por ello. Pero al hablarte de todo esto, lo que pretendo decirte es que aunque pienses que tú perdiste, nos es así.

No eres tú quien ha perdido una amiga, es ella quien lo perdió una buena amiga, es ella quien perdió tu credibilidad, es ella quien perdió tu confianza, es ella quien con su cinismo perdió su honradez… Tú no has perdido nada, tan sólo un trozo de vida que has contado a una mala persona. Todo nos pasa por una razón, y de toda experiencia podemos aprender y crecer. Con la experiencia de amigas traicioneras, aprendemos a escoger más cuidadosamente a nuestras amistades.

Quédate con aquella que por años y años sigue siendo la perfecta amiga que siempre tiene una palabra para ti, las amistades no necesitan estar apegadas todo el tiempo, la verdadera amistad es aquella en la que aun cuando no la ves por mucho tiempo, sabes que puedes contar con ella, que nunca te exige nada, que el tiempo que pasarás con ella será uno sin reproches…

Aun cuando tus silencios sean tan largos como el invierno, tu amistad con ella jamás cambia, ella sigue siendo la misma amiga que necesitas en tu vida. Las falsas amigas sólo estarán para prestar oídos y empezar a difundir tus secretos, aléjate de ellas. Si tienes una así, sácala de tu vida, no la necesitas, personas como esas son malas y envidiosas, y te traicionan así porque eres superior y siempre lo serás, de lo contrario, no tendría por qué usar la traición contigo.

Ya has probado el dolor de ser tan confiada, ahora vas a experimentar la alegría de saber escoger a un grupo selecto de amigos, saber reconocer quien es la amiga adecuada para ti.

Estoy segura que todas tenemos más de una; sólo que muchas veces te endulzan tanto que no te das cuenta y abres tu corazón a quien no se merece siquiera una palabra tuya. Son muy fáciles de identificar, van por todos lados donde vas tú, se hacen amigas de tus amigas, no quieren perder ningún movimiento tuyo, y seguro que ya sabes a qué amiga tienes que es así. Vive feliz. Vuela alto, sigue así, porque cada vez que habla de ti, tú creces y ella se empequeñece ante ti y los demás. No es de fiar y eso se sabe muy rápido.

Di no a tus malas amigas que tanto daño te hacen o te han hecho, y lo más importante JAMÁS te rebajes a su altura ni para aclarar ni para desmentir; dale tu olvido, que es todo lo que se merece.

REFLEXIÓN PARA TI

Si te han dejado el corazón roto, si no logras superarlo… este artículo es para ti. Una hermosa reflexión de la vida real, de cómo superar una ruptura sentimental. Parece que sufrir una decepción amorosa es parte de la vida.

No creo que haya una edad determinada para el amor, la madurez no ayuda a querer más o menos a una persona.

El amor es sincero, no lo afectan las matemáticas. Entre las primeras cosas que se aprenden en la vida está el amor: aprendemos a querer, a valorar, a respetar, a cuidar.

El amor es un conjunto de todas esas cosas. Es raro fallar en algo en lo que llevamos tantos años. Tal vez en las parejas el amor falla por la falsa idealización que nos hacemos de una persona que acabamos de conocer y nos parece genial en la etapa del enamoramiento. Pero creo que el fondo del problema es la parte donde se conocen, donde todo lo que piensas no coincide con lo que realmente es.

Comienzan las peleas por las diferencias y casi siempre concluye en el terrible abandono. Entre estas dos etapas es donde fabricamos esas terribles ideas sobre él y sobre nosotras mismas, es en momentos así en los que se junta el odio, el amor, el arrepentimiento, la frustración y todas esas cosas que nos confunden.

Creo que el sufrimiento se crea a partir de todas estas cosas que atormentan nuestra mente. Lo importante es la etapa en que hay que superarlo, tal vez sea peor que las mismas peleas o desacuerdos que provocó la ruptura… esa etapa en la que durante las frías noches recuerdas sus brazos arropándote, su voz por las mañana, su comida favorita, algún momento en el que rieron, las infaltables peleas, su primer beso (ese que seguramente nunca olvidarás) y una de las tantas veces que hiciste el amor donde creías que todos los males se extinguían por un momento.

Terrible, ¿no? Y esto sucede… por un tiempo, porque llega EL DÍA, ese día en el que por fin te levantas de la cama y tu voz interior te dice “¿qué estás haciendo? ¡Desperdicias tu tiempo, sal de esta casa disfruta el día!”. Es ahí cuando lo primero que hacemos es avisarle a alguien que estamos bien, que llegó tu momento de volver a disfrutar. Por alguna causa que desconozco, las mujeres somos demasiado emocionales, lo que es bello, pero el sentimiento de la tristeza lo vivimos con demasiada pasión, hay que aceptarlo, necesitamos estar tristes por un momento.

Pero ¿la idea no es valorarse? Entiendo que lloremos, está bien: es lo normal, acaban de romper nuestro corazón pero es ahí cuando nosotras debemos decir “hasta aquí llegó él, y hasta aquí llegó él sufrimiento por él”, debemos valorar nuestras lágrimas. Seamos realistas, por alguna causa que también desconozco el hombre no sufre tanto cuando suceden las rupturas, ellos son más fuertes, ¿y tú? Tú también lo eres, pero tienes tus tiempos; la idea es equilibrar ese tiempo, está bien que llores pero por unos días, cuando la situación se extiende a meses la culpa es tuya y el malvado no será él que te dejó sino tú que no lo dejas ir. Todos aprendemos a querer, a valorar, a respetar y cuidar, pero lo que siempre se deja de lado es lo más importante:

EL AMOR PROPIO, debes respetarte, si tú no lo haces nadie lo hará, valórate, eres hermosa y tienes mucho que dar no sólo a los demás sino a ti también, y sobre todo cuídate, no sólo de los hombres con malas intenciones hacia tu corazón sino también de todas esas personas que quieren hacerte daño.

¡Pero qué mejor persona para entenderte que tú misma!

Dedícate tiempo, tiempo para pensar en ti, en que cosa nueva te gustaría hacer, tiempo para comprenderte y charlar contigo misma, para conocerte y saber que quieres, para sentarte un rato en el pasto y dejar que las sensaciones te lleven a tu mundo.

Cuando encuentres al hombre de tu vida, tu verdadero amor, él te cuidará, y te dará otro primer beso, y te amará así como lo deseas, pero siempre hay que recordar que él también desea comprensión, él también quiere que lo cuides. Un error muy grande que cometemos las mujeres es ser emocionalmente dependientes de los hombres, seguro que muchas veces escuchas frases como: “sin él no soy nada”, “no puedo continuar sin él”, “él era todo para mí”.

NO, ¡ESTO NO!, deberían estar prohibidas estas frases que seguramente tú también dijiste en alguna oportunidad. Lo que tenemos que entender es que, las relaciones son de a dos, es como la casita de naipes, una carta sostiene a la otra, si se corre un poco alguna parte, se derrumba, y mira ninguna carta está encima de la otra, sino que están apoyadas, y es verdad una carta sola no hace la casita, pero de eso trata el juego: de buscar en quién apoyarse, que también está apoyado en nosotras.

No deben cuidarnos, ambos deben cuidarse, escucharse y complacerse, pero no ser dependientes; una cosa es amor otra es obsesión.

Lo que más pesa cuando te dejan es el “cómo pudo hacerme esto” y no, no es así: si la relación no funcionó hay que aceptar que fue por los dos. Solamente espero poder cambiar en algo no tu forma de pensar, o al menos, en tu forma de verte: Si pasaste por la situación inicial y aún estás en la etapa de superación hace bastante, tú estás mal, acéptalo; es la única forma de sacarle algo bueno a esto: reconocer el error propio, reflexionar sobre lo ocurrido y luchar para que tú estés mejor y aprendas algo de esto.

La otra persona ya no está, está haciendo su vida, tú también debes hacerla, y no cometas el error de pensar “tal vez se arrepienta y vuelva”, “tal vez dentro de un tiempo volvamos a encontrarnos”, no, no pienses en eso; vive el ahora, él se fue, no debes estar pendiente de que vuelvas a estar con él. Hay una frase que dice “si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas” creo que no hay frase mejor para esta ocasión, recuerda se trata de encontrar tu otra carta, no de esperar a quién se fue.

Nunca construirás nada de esa forma, y no lo digo porque sea una profesional en el arte del abandono, tampoco tengo un título que valide mis opiniones, sino porque he visto tantas mujeres sufrir, tantas mujeres pasar por lo mismo, que no puedo creer cómo se pierden tantas cosas bellas sufriendo por alguien que seguramente no volverá.

Y que sí, tal vez algún día te cruces en algún lugar, y hasta se saluden, pero ya sabes quién es, ya sabes que pasó, disfruta de los demás, todos tenemos mucho que ofrecer.

Tal vez muchas veces pierdas las esperanzas y digas “no quiero quedarme sola” pero no debe ser así: uno recibe lo que merece y todos merecemos algo. Tías, amigas, hermanas, primas, amigas de amigas, madres y hasta una misma… tantas mujeres pasaron por lo mismo y puedo confirmar, porque lo he visto con mis propios ojos, que sí se puede, se puede volver a sentir amor por otra persona, se puede no vivir del pasado, se puede ser alguien mejor. Yo he pasado por estas cosas también, y lo que pude aprender es eso, somos dos, pero cada uno se valora para sí mismo; y lo más raro de todo esto es que estas cosas, mis errores, mis buenas acciones, lo que hoy puedo decir que aprendí y que soy, me las reconocieron hombres a los que acudí a contarles mis problemas.

LLegué a pensar de que el amor no existía, de que todos eran iguales, pero hoy puedo decir que no, no es así, ellos también desean una buena mujer, ellos también quieren mimos, y quieren que los escuchen, no que los monologuemos como nuestra naturaleza femenina lo hace.

Lo único que quiero, es has leído hasta aquí, supongo que es porque te llamó la atención por alguna situación que pasaste. Quiero que pienses, detén el tiempo en tu mente, razona, fíjate quién eres, qué es lo que quieres, y cuéntale a una amiga que lo necesite sobre esto para razonar ambas.

Sé fuerte, no te rindas ni desesperes, espero que tu cielo brille y alumbre tu casita de naipes, si aún no la tienes, continúa, es largo el camino.